Al día siguiente, entré en el granero y abrí la cuadra de Circe, entré y entrecerré la puerta.
-Hola bonita- Circe resopló y se acercó a mi, comenzó a oler mis manos en busca de algún pedazo de manzada- Hoy no tengo, te daré después- Le puse la cabezada y la até fuera del box- no sé para que te compré todo el equipamiento tan pronto, porque eres muy joven ya aún no puedo montar en ti.- me reí un poco y empecé a cepillarla, pronto tendríamos que herrarla, o ponerle botas. Cuando terminé de cepillarla, le hice una dragonera en la crin y le trencé la cola, y la saqué fuera del granero, hacía calor, y bajamos a una finca que teníamos vallada, la solté y me senté en la hierba, verde por las lluvias de las semanas anteriores. Estuve vigilando lo que comía, porque yo aún no había limpiado esa finca, media hora más tarde, fui a coger a la yegua de nuevo, y al llevé hacia el granero, entramos y comencé a cepillarla, "ya se que no se puede montar, pero puedo enseñarle ya a hacer cosas..." Santi me había enseñado ya varias cosas para domar un caballo, y enseñarle cosas como la reverencia, piaffe, paso español... pero antes debía enseñarle a usar el bocado, ya que es imprescindible para estas cosas, até a la yegua cuando terminé, y fui a por la cabezada, le quité las riendas y para empezar a acostumbrarla, no le enganché el filete, le puse la cabezada y le abroché la muserola, acaricié su quijada y agarré el ahogadero, lo abroché y fui a por el filete, se lo acerqué al hocico, y se lo enseñé bien, le puse el bocado entre los dientes y se lo saqué de nuevo, y así me pasé cinco minutos, al final, le puse el bocado y lo enganché a la cabezada, esperé un poco, agarré las anillas, y tiré un poquito de ellas alternadamente, después hice presión en ambas, le desabroché el ahogardero y la muserola y le saqué la cabezada.
-¡Muy bien chica!- le di una palmadita en el cuello, y para que descansara, empecé a trenzarle la crin y la cola, cuando terminé enganché dos cuerdas largas al filete y le puse la cabezada de nuevo, cogí la fusta de picadero vieja que me había regalado Santi en una ocasión y llevé a la yegua a un cercado liso y "pequeño" que tenía detrás del granero .
-Servirá de pista- el cercado medía 20 x 56 m, muy similar a la medida de una pista de doma clásica, acerqué a la yegua a la pared,y hice presión en el filete, a la vez que en la cabezada, chasqueé la lengua, aflojé la presión del bocado y la yegua avanzó, la felicité y le acaricié el cuello, pasé las cuerdas por encima del lomo de la potra y cogí la fusta, quité una de las cuerdas, y me quedé con la del lado izquierdo, me acerqué a la grupa de Circe, chasqueé la lengua y comenzó a andar.
-¡Trot!- golpeé la fusta contra el suelo y la yegua comenzó a trotar, hice que fuera al paso de nuevo, que trotara, que galopara, que trotara, que fuera al paso y la paré.
-¡Muy bien!- acaricié su lomo y le levanté los cascos, y hice un sonido golpeando mi pié con la espuela al levantarle el casco, después de hacerlo varias veces, cogí la fusta y golpeando mi pie con la espuela, a la vez que daba toques en el casco de la yegua, levantó el casco, al final del día, conseguí que levantara las patas, solo con el sonido, y solo con la fusta. Guardé a la yegua, y lavé el bocado, la yegua había espumado con la boca, "buena señal" pensé, guardé el bocado, y me fui a casa.
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