-No vas a tener, ni caballo ni poni, no, no vas a tener uno-Yo suspiré- Pero tranquila, que como nos tenemos que ir pronto, verás caballos todos los días.
Al paso de los días ese "pronto" llegó, las clases se acabaron, y yo hice las maletas, subí al coche y esperé a que el largo viaje acabara, en cuanto llegamos, subí las escaleras de la casa y deshice las maletas en la habitación, me puse pantalones de montar cómodos, y unos calcetines finos, me puse las botas de montar sintéticas, y salí a la calle, giré a la derecha y comencé a caminar, di un giro a la izquierda y ahí vi la hipica, sabía que no me esperaban, pero estaban allí... En cuanto Santi me vio llamó a María y me saludaron.
-Tu madre nos ha contado que buscas caballo, ¿cual es tu presupuesto? podemos ayudarte a buscar.
-Pues, no puedo gastarme más de 1000 euros, y hay que tener en cuenta, que... tengo que comprar uina manta, y todo su equipamiento para montar.
-Mmmm, creo que hasta yo tengo caballos que te servirían. tenemos a Linda, a Torda, a Hispano, a Circe, a Jessie y también a la nueva potrita de Baya, que se llama Anha con "H", pero dudo que un potro sea lo mejor para ti, así que descartaremos a Anha y a Circe.- Decidí montar un poco a Jessie que seguía igual de vaga que nunca, y más tarde, cogí a Circe, ya grande, que tenía un año y medio aproximada mente, la llevé a pastar, y en cuanto la solté, y cerré la puerta, continuó siguiéndome, a pesar de que estaba en el cercado, solté una risita, y me marché, poco más tarde, fui a recogerla y la guardé en su cuadra.
Al día siguiente, me levanté temprano, me vestí y fui a la hípica, lo primero que hice fue saludar a Circe, y darle una manzana, saludé a los demás caballos y después saqué a la yegua de la cuadra, la até en una argolla, y comencé a cepillarla, cuando me di cuenta, Santi estaba mirándome plasmado mientras le repasaba la cola a la yegua.
-¿Como lo haces?-me preguntó
-Que como hago el que.
-Cepillarla, a mi no me deja, me muerde y me intenta dar patadas.
-No se, yo solo la cepillo- Santi asintió y salió del patio, le escuché hablar con alguien pero no le di importancia, seguí cepillando a la yegua, le levanté los cascos y le limpié las ranillas y el borde de ellos, aún sin herrar. trencé su larga crin y su cola, y la llevé al andador, hice que andara 5 minutos y después la puse al trote 10, la saqué del andador y la llevé a pastar, por el camino, mientras andábamos entre las hierbas para llegar al camino, un conejo, saltó de entre un arbusto y pasó por delante corriendo, pero Circe se asustó y se metió dentro de un bosque, donde enganchó su cabezada en una rama, y provocó su rotura, la yegua estaba totalmente suelta, la llamé y silvé un par de veces, la yegua vino trotando a mi, y no se, no se por que lo hice, pero si se lo que pasó, y monté en ella, no le molestó, en cuanto me senté bien en su lomo, le susurré.
-Gallop, Circe, Gallop- La yegua, acostumbrada a esa palabra por dar cuerda y por el andador, salió a un acelerado galope por el campo, no ella ya sabía a donde ir, sabía a donde debía dirigirse, y lo que hizo fue llegar al prado, trotar y pararse, me bajé de ella abrí la cerca y entré con ella dentro del campo, agarré con suavidad su cara, y ella la empujó acercándola a la mía.
-Te quiero Circita.
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