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viernes, 30 de octubre de 2015

Clases de doma

Entré en el granero y cogí la cabezada verde, hoy hacía algo de frío y también cogí la manta de cuadra, me acerqué al box, y le puse la cabezada a Circe, la até dentro y la cepillé, el puse la manta con la mantilla debajo y los protectores de tendones, le di una zanahoria y la desaté, agarré el ronzal junto con las fustas y la cabezada, la llevé a la hipica. Cuando llegamos, llamé a Santi, mientras no venía, le  saqué la manta a Circe, y la dejé sobre una montura, fui dentro del guardarnés y cogí un cinchuelo de doma, coloqué mantilla y abroché el cinchuelo, había mucha humedad, y por tanto, la mantilla tenía cristalitos de hielo, y parecía ser de un verde azulado muy bonito.

En cuanto le apreté el cinchuelo le puse la cabezada con delicadeza y le puse las riendas fijas.

-¿Qué haces?-Preguntó exageradamente Santi- ¡Aún no le pusimos el bocado!

-Yo si, y mira- hice que Circe levantara las patas de una en una, después le di una palmada en el cuello, Santi me miró con cada de aprobación. entré con la yegua al corral redondo de dar cuerda, y comencé a llevarla al paso, en cuanto dio unas vueltas, comencé a hacerla trotar... cuando terminamos el calentamiento, la llevé a la pista y le saqué el cinchuelo cogí una silla de doma clásica y se la puse encima con cuidado, se la saqué de nuevo... hice eso varias veces, en quince minutos ya se había acostumbrado a tener la silla encima, le abroché la cincha y la acerqué a la pared del picadero cubierto, hice que levantara las patas al ritmo de un piaffe, Santi miraba con asombro a la yegua. Cuando me di cuenta, Circe y yo habíamos estado practicando ya una hora, era el momento de la verdad, dije "Piaf, Circe, Piaf" la yegua comenzó a mover las patas en el sitio y a resoplar.

-¡Muy bien chica!- Acaricié su cuello y le quité la silla le puse la manta y le quité la cabezada, le puse la jáquima y fui a despedirme de Santi.

-¡Hasta mañana!- Cuando llegué a casa, solté a Circe en el prado para que comiera algo, me acerqué a ella y dije:

-Circe,¿ probamos algo?- Yo movida por mi emoción monté de un salto en la yegua.

-Piaf, Circe, Piaf- nada, la yegua no se movía- ¡Piaf, Circe piaf!- Circe levantó la cabeza y comenzó a mover las patas, resoplaba y movía la cola- ¡Muy bien!- Me agaché y acaricié su cuello cogí una cuerda y la até a la jáquima, golpeé con los talones a Circe y chasqueé la lengua, la yegua comenzó a trotar y llegamos al granero, desmonté y la guardé en su cuadra.- Hasta mañana bonita....- susurré mientras acariciada su hocico.

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