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miércoles, 9 de septiembre de 2015

La ruta

Cuando llegué a la hípica, deseando hacer aquella maravillosa ruta, me encontré a María observando a Circe, con una cara de preocupación, le pregunté por que estaba así, y me contestó que Jessie estaba enferma, y no podía dar de mamar a Circe, me preocupé, el veterinario llegó 15 minutos después de que llegara yo más o menos,  y examinó a Jessie, Santi se acercó y dijo que ensillara a Torda. "¿A Torda?" esa era una yegua difícil para mi, o eso creía, Santi me dijo que la atara a dos vientos para ensillarla, porque podía morderme, una vez atada a los postes, le puse una mantilla de doma marrón oscura, la silla de doma, y la cinchadura, le coloqué baticola (la silla se hizo con baticola especial para esa yegua) porque la silla se le iba hacia delante muchas veces, Santi le apretó la cincha, y después le puse el bocado, con cadenilla, y una cabezada con cierrabocas "rara combinación" pensé yo, la llevé a la pista, y la trabajé un poco pie a tierra, Santi llegó al picadero con Negro ensillado, una preciosa mantilla de un rojo vivo y con una silla negra y brillante de doma clásica, dijo que fuera con el y que vendara a Torda, le puse las vendas, de color verde oscuro, y él, que aún no le había puesto la cabezada a Negro, me eneñó a ponér la de doble rienda, que es la propia para doma clásica.

Salimos al exterior de las cuadras, y cruzamos la puerta para ir a un lugar llano para montar, Torda era bastante alta, así que Santi me ayudó a montar en ella, cuando puse los pies en los estribos, y agarré las riendas, se alejó y se puso al lado de Negro, era altísimo, debía medir metro ochenta a la cruz, de un salto, pasó su pierna por encima de la grupa del gran caballo, y con suavidad, cayó en la silla, rápidamente, agarró las riendas, y colocó los pies en los estribos y chasqueó la lengua a la vez que golpeaba con los talones a Negro para que avanzara, yo hice lo mismo, yo seguí al binomio de expertos por la ruta que había planeado Santi, nos metimos por un camino rodeado de árboles, el paisaje era precioso, Santi hizo trotar a Negro y yo azucé a Torda, que no quería trotar, Santi frenó Negro, y me dio una fusta, nada más cogerla, noté como Torda, se había espabilado, y estaba lista para trotar, subimos una cuesta, y después el camino se ensanchó, y estaba mas llano, Santi azuzó de nuevo a Negro, sacando un hermoso galope corto.

-¡Vamos! ¿A que esperas?- Me dijo el, azucé de nuevo a Torda que no quería galopar, golpeé su flanco derecho con la fusta mientras chasqueaba la lengua, Torda salió a un galope acelerado y se puso al lado de Negro, la refrené con las riendas para ir un poco más atrás, Santi me dijo que azuzara un poco a la yegua y que me inclinara hacia delante"¿para que?" pensé yo, miré adelante, y lo vi, había un tronco bloqueando el camino, había que saltarlo, avivé a la yegua como él me había dicho, y cuando me acerqué al tronco, me incliné hacia delante, mientras apretaba las piernas con todas mis fuerzas, que no fueron suficientes, me desequilibré, y me caí hacia delante, por suerte estaba el cuello de Torda, al que pude agarrarme, y así impedir mi caída, me recoloqué en la montura y galopé hasta Santi que ya se puso al trote, troté sentado el resto del camino, hasta la hípica, até de nuevo a la yegua y esta vez, Santi hizo que limpiara los cascos del animal, lo hice, estaban llenos de pequeñas piedras hasta en la ranilla, cuando terminé guardé a la yegua en las cuadras, y fui a ver a Circe, Jessie no estaba, y había otra yegua de la que Circe estaba mamando en ese momento.

-¿Qué te parece?, es una yegua que nos han dejado para que de de mamar a Circe durante un tiempo, hasta que se cure Jessie.

-Es muy bonita, me gustan las crines que tiene.

-Mira esto- cogió la cuerda que sujetaba a la yegua de la jáquima y tiró suavemente de ella, tenía los ojos de un azul claro, y la piel era rosada, era una yegua cremella.

-¡Es genial! Nunca había visto un caballo cremello en mi vida.

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